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Las semillas emigran en las alas del viento. Las plantas emigran de continente a continente en las olas de los mares y de los ríos. Los pájaros y otros animales se mueven de lugar en lugar. Pero todavía más, ciertamente, los seres humanos emigran, a veces en grupos, a veces solos y, haciéndolo así, se convierten siempre en instrumentos libres de la Providencia Divina que guía el destino de los hombres, conduciendo a todas las personas, en medio de sus grandes calamidades, a su meta final: la realización del hombre en la tierra y la gloria de Dios en cielo. (Scalabrini,
1899) |
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