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 Asia 
 

Filipinas

La presencia de las Hermanas Misioneras Scalabrinianas -MSCS- en la República de Filipinas inició en 1987, año en que el país reconquistó la democracia por medio de revolución pacífica popular, llevada a cabo en 1986. Desde entonces también Las Filipinas se convirtieron en patria para las hermanas MSCS. El país fue signado rápidamente de una fuerte emigración a causa de los problemas económicos y de la política puesta en marcha del nuevo gobierno. Muchos filipinos, con la esperanza de encontrar un trabajo y cambiar de vida, emigraron al exterior causando, en tal modo, en la patria problemas mayores: ausencia de uno o de los dos ligámenes de parentela durante el desarrollo de los niños, explotación del trabajo de mujeres y niños, decadencia moral con las relativas repercusiones en la familia y en la sociedad.

Esta situación llamó en causa a las hermanas MSCS que hoy están presentes en Filipinas con dos comunidades en Quezón City. Éstas están formadas por 5 religiosas filipinas, 2 americanas y 1 brasileña. Con ellas viven las jóvenes que están haciendo el camino de discernimiento y de formación en las diferentes etapas formativas. Haciendo uso de sus dones femeninos, las hermanas MSCS, guiadas por el Espíritu de Cristo peregrino, ofrecen testimonio y servicio a la vida y a la fe, dedicando tiempo, amor, presencia efectiva y trabajo creativo para disminuir el efecto negativo que la migración deja entre el pueblo.

En el cumplimiento de su misión, las hermanas MSCS se encargan sobretodo del cuidado pastoral entre los emigrantes, en particular los marítimos y refugiados, y de la educación de los hijos de los trabajadores de los inmigrantes internos y de los emigrantes, con el nuevo "Scalabrini Institute". Son múltiples las actividades que ellas realizan como animadoras y coordinadoras: la formación humana y cristiana y la orientación espiritual, la educación escolar y fundamental y el ingles a los extranjeros. Ellas, además, se hacen cargo de la preparación y actualización de los maquinistas, de los voluntarios, de los padres de los educadores. Se hacen cargo también de seminarios de estudio y de la preparación y orientación de los futuros emigrantes.

La fe vivida de las hermanas MSCS como esperanza profética actuada en la caridad da testimonio, promueve y alimenta la vida y la identidad, sea de ellas que de los emigrantes.
 


 
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